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Thursday, 20 September 2018
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La sociedad, los intelectuales y la pol?tica PDF Imprimir E-mail
Se inicia en la vida política y social del país un periodo fermental.

Por un lado porque existe una inmensa expectativa social frente a las propuestas de cambio, seguramente determinada por una creciente conciencia de que el ámbito político de la región, del planeta, pero también la naturaleza, el medio ambiente, cambiaron, cambiaron profundamente. 

Pero además porque la sociedad se transformó en diversos aspectos, marcada por las migraciones masivas hacia las ciudades, hacia otros países, por la toma de conciencia de los derechos de hombres, mujeres y niños, por los cambios en la estructura económica, en la evolución del trabajo, por el impacto del conocimiento y de las tecnologías en la vida cotidiana o la presencia cada vez más importante de las organizaciones de ciudadanos.

Sin embargo estos cambios sociales o medioambientales fueron muy pocas veces tenidos en cuenta e integrados por las estructuras gubernamentales, que fueron cada vez más ineficaces para resolver las dificultades o las nuevas situaciones creadas por esa compleja dinámica, y las instituciones de gobierno no siempre estuvieron en condiciones de responder a las demandas de la realidad. Basta mirar en nuestro entorno social u observar las imágenes de los incendios forestales para tener contundentes ejemplos que apoyan esta afirmación.
Así fue que se generó una inmensa distancia entre lo prometido y lo cumplido por los políticos, entre lo que se cree y lo posible, entre los objetivos fijados en un plan y los resultados visibles en la realidad.

De esta forma a pesar de que muchas veces los resultados de la economía mostraban indicadores positivos, la pobreza, la desigualdad, la crisis de los sistemas educativos seguían su marcha ascendente hasta transformar América Latina en el continente más desigual del planeta.

Frente al reiterado fracaso de los diferentes sistemas políticos para reducir la pobreza y la desigualdad que hacer y como hacer para reducir los riesgos del error pero sobretodo para construir sociedades más justas?

Estos errores políticos, reiterados tanto en dictadura como en los procesos democráticos que las siguieron, generaron una opinión pública muy escéptica y a veces hasta muy negativa frente a las expectativas de la democracia, tal como lo expresa el Latinbarómetro del 2004.  El 65% de los latinoamericanos encuestados expresan su insatisfacción con el funcionamiento de la democracia y apenas un poco mas de la mitad, el 53% la prefiere a cualquier otra forma de gobierno. Después de casi dos décadas de progresiva consolidación democrática en América Latina todos los gobiernos tienen una importante asignatura pendiente, como mejorar el nivel de vida de sus sociedades.

En el eje de la crítica, en el ojo del ciclón y probablemente el primer tema a ser considerado por el sistema político son las instituciones. Porque las posibilidades de cambio no están en el ajuste económico, en seguir recetas de tal o cual organismo, en incorporar equipos técnicos altamente eficaces en los aspectos económicos, tal como se manejara este tema desde el Fondo monetario Internacional, los grandes bancos prestatarios o desde el recetario del llamado consenso de Washington.

El éxito o el fracaso de las políticas ya no se lee solamente desde los resultados económicos, debe medirse por el eficaz desempeño de las instituciones en la obtención de los resultados prometidos y esperados.

Actualmente existe una gran inadecuación entre las estructuras generadas para resolver ciertos problemas sociales, que ya no son los mismos que los de los tiempos en que se generaron esas estructuras, y las respuestas que estos organismos aportan. La mayor parte de las instituciones gubernamentales parecen inmensas máquinas pedaleando en el vacío, pero a su vez consumiendo los escasos recursos disponibles para resolver los problemas.

En los últimos diez años los consejeros gubernamentales, siguiendo recetas externas, confundieron reforma institucional con reforma organizativa y decidieron reducir el tamaño del Estado para disminuir costos y aumentar su eficacia. 

Estas recetas transformadas en modas políticas fueron imitadas en todos los países de la región y muchas veces lograron disminuir el tamaño del Estado, no siempre ahorrando, pero siguieron sin resolver los problemas de la sociedad.  Pero además los cambios organizativos del Estado despertaron a veces resistencias políticas ya que muchas de esas estructuras servían para alimentar el clientelismo electoral, del que se nutrían nuestras seudo democracias caudillistas. Este procedimiento fragilizó progresivamente la máquina de generar electores para el partido del gobierno abriendo los cauces a las alternativas políticas y desde esta lectura podemos decir que se consolidaron los espacios democráticos. Sin embargo esas reformas no resolvieron los problemas sociales ni tocaron el eje central del problema, la reforma de las instituciones, no solamente su organización.

Esa es la inmensa tarea que deberán abordar las fuerzas políticas emergentes, cambiar las instituciones para que todo no siga como está. Y no será tarea fácil porque aún están vigentes las resistencias políticas de quienes viven del sistema, esencialmente los partidos políticos que no se estructuran en torno a ideas o programas sino que se organizan en torno a los ejes del poder, entre los cuales se encuentran todas las estructuras del Estado, aun devaluadas.

Por esta razón esta tarea transformadora cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida de las sociedades no podrá llevarse a cabo solamente desde el ámbito político, necesita la participación de toda la sociedad organizada y la de los intelectuales comprometidos con la sociedad.

Hay entonces tres actores esenciales que deben actuar sinérgicamente para producir este cambio: los actores políticos, la sociedad civil organizada, los intelectuales.

Los funcionarios políticos deben identificar los cambios a realizar en las instituciones e impulsar la adaptación de las estructuras gubernamentales a la gestión de los problemas que presentan las sociedades.

La sociedad civil debe organizarse para identificar los problemas sociales, transmitirlos a las instancias respectivas de gobierno y ejecutar los programas respectivos.

Los intelectuales deben restablecer poco a poco el derecho a pensar, perdido después de años de banalización del contenido de la información, de desvalorización del pensamiento como herramienta necesaria para el cambio social, asumiendo progresivamente responsabilidades en la vida política.

Porque en una sociedad no solo hay que resolver los problemas concretos y urgentes que plantea la realidad sino que algunas de esas situaciones habrá que identificarlas a partir de los signos precursores que las anuncian, conocer sus causas, proponer soluciones. Pero además habrá que abrir en extensión y en profundidad los espacios de reflexión y de reflexión/acción que permitan identificar los accesos al conocimiento, difundir las informaciones, generar las herramientas para que esto sea posible. Pero sobretodo será necesario salir de la somnolencia posmoderna, del escepticismo y de la negación de la práctica política en la que han caído muchos de los intelectuales contemporáneos.

Pero para crear esas imprescindibles sinergias para el cambio en las que se juega el destino de los individuos y de las sociedades es necesario crear desde el ámbito político los espacios de encuentro y de diálogo, es necesario valorizar la investigación científica para acceder al conocimiento de la realidad y así poder crear los mapas de las nuevas sociedades, de la nueva realidad, con el fin de transformar las instituciones gubernamentales en herramientas ajustadas a las necesidades de nuestros tiempos.

El momento de la transición se presta para el dialogo, la reflexión y la organización del futuro, pero muy pronto al ámbito gubernamental llegará el tiempo de las urgencias, por eso es necesario impulsar desde ahora las sinergias del conocimiento y la transformación de la realidad para la reducción de las desigualdades sociales con la participación de todos los actores sociales.

Es una inmensa y grata tarea que rara vez se presenta dos veces en la cortísima trayectoria de nuestra existencia. Por eso, como decía alguien muy conocido de todos, en estos tiempos “no podemos sentarnos frente a nuestra ventana para ver pasar el carro de la Historia.”
 

 Desde Montevideo, Uruguay - Fernando Lema. http://www.fernandolema.com.ar

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