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Tuesday, 17 July 2018
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La imprescindible participaci?n ciudadana PDF Imprimir E-mail
En medio de un océano de incertidumbres mundiales, con un clima de guerra fría, nuevamente con olor a petróleo, que se instala en Ucrania y una guerra caliente en diferentes escenarios planetarios, América Latina, a pesar de sus dificultades, de la injusticia social que no retrocede, de los pobres que siguen siendo casi dos tercios de la población regional, 322 millones, como nos recuerda en su reciente informe la CEPAL, nos alienta semanalmente con buenas noticias, desde el ámbito de donde pueden provenir las noticias mas relevantes, las que realmente harán posible los cambios en esta etapa de la historia, los acuerdos políticos para avanzar hacia la integración regional, hacia una nueva fase de la independencia americana.

En un momento de fracturas, de violencias, de inmensas dificultades sociales, producto de una lectura reducida del mundo, minimizada en la dimensión económica, de competencias entre naciones que van desde la guerra comercial hasta la intervención militar por la posesión de los recursos naturales la reacción integradora de las cúpulas políticas de América Latina no es solamente una excelente noticia sino una lección de paz y solidaridad para el mundo. Dos importantes eventos recientes marcan estos caminos.

El primero se realizó la semana pasada en Buenos Aires, la reunión Cumbre de Mercociudades. Un excelente evento regional presidido por Mariano Arana en su carácter de secretario saliente de la Red Mercociudades, integrada por 123 municipios del MERCOSUR, y por Aníbal Ibarra, el gobernador de Buenos Aires, quien ejercerá el próximo año la secretaría de la Red. Fue una reunión de intercambio, integración y solidaridad entre equipos municipales de 123 ciudades del MERCOSUR que coordinan, intercambian experiencias y programan actividades para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos.

En este momento en Cuzco están reunidos representantes del mas alto nivel de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Surinam, Guyana y Uruguay, con México y Panamá  en calidad de observadores, en la  III Cumbre de Presidentes de América del Sur para dar un paso histórico de primera importancia para la región,  dar nacimiento a la Comunidad Sudamericana de Naciones.

Los presidentes firmarán un documento que se dará a conocer como Declaración del Cuzco, con vista a la creación de la Comunidad Sudamericana de Naciones, que contará con 360 millones de habitantes y una extensión de 17 millones de kilómetros cuadrados.

La ciudad de Cuzco o Cusco como se escribe en quechua, la capital del Imperio de los Incas, y la de Ayacucho, lugar donde se selló la independencia americana de España en 1824, son las sedes de la III Cumbre Sudamericana, donde se firmará este histórico paso en pos del sueño de Simón Bolívar.

Cuzco, al sureste de Lima y a 3.400 metros de altura, fue conocida como "el ombligo del mundo" desde que fue la capital del Imperio de los Incas.
Ayacucho, a 575 kilómetros al sureste de Perú, es la cuna de las dos civilizaciones más importantes en la época anterior al Imperio de los Incas, los Huaris y los Chancas.  Y justamente mañana, día en que se conmemora el 180 aniversario de la Batalla de Ayacucho que permitió la independencia de Perú y Bolivia de los españoles tras tres siglos de presencia colonial, se firmará la declaración que dará inicio a la Comunidad Sudamericana.
Los países de la Comunidad Andina de Naciones (Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela), del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), más Chile, Guayana y Surinam,  darán un paso mas en el camino del estratégico sueño bolivariano.

Porque el área de Libre Comercio de América  promovida por Washington, es un camino estrecho, un camino de competencia y no de solidaridad, de abrir fronteras hacia las inversiones sin recibir casi nada, algo muy parecido a un trato neocolonial con América Latina. La consolidación del MERCOSUR primero, impulsada por Brasilia, Buenos Aires y Caracas, y ahora este camino amplio hacia la comunidad sudamericana de naciones parece perfilarse como la vía hacia la Segunda Independencia.

Durante muchos años se habló de integración sin haberse dado grandes pasos, a pesar de ser la integración la condición esencial para avanzar en la libertad de sus pueblos y sus Estados. Sin embargo recién ahora parecen darse las condiciones objetivas para realizar el sueño de la nación latinoamericana, que tanto anhelaran nuestros próceres.

Sorprendentemente fue la aplicación del neoliberalismo económico de la manera más aguda, con sus métodos privatizadores y el incremento de la pobreza, de la desocupación, de los problemas de salud, la que generó los cambios políticos que hacen posible que hoy Brasil, Argentina, Chile, Paraguay, Venezuela y próximamente Uruguay hablen con una misma voz, la que marca los caminos de la unidad, de la valorización de lo propio, de la solidaridad y de la independencia.

Fue en la América Latina del Plan Colombia, con mas olor a petróleo que a lucha contra la droga y la violencia, de la dolarización forzada, de las políticas agresivas de Washington contra el planeta entero en todos los terrenos, ambientales, económicos, militares, que emergió el deseo de independencia y unidad en una Patria Grande como nunca había podido expresarse anteriormente, aunque fuera soñada por muchos.

Los funcionarios gubernamentales acordaron reunirse nuevamente dentro de sesenta días para profundizar los temas de la integración, que incluyen la creación de un Parlamento, de un instituto monetario, el perfeccionamiento de una política económica conjunta, la priorización de la dimensión social, medidas contra el desempleo y la integración de nuevos países a este Bloque de Poder Regional.

En Asunción se dieron los primeros pasos que conducen a este evento histórico del día de hoy en que se generan las condiciones  necesarias para la emancipación definitiva. Ahora falta por conquistar la condición indispensable: la integración de las sociedades a las acciones transformadoras de nuestra realidad.


La alegría, la esperanza, la mirada puesta en el futuro, que parecen poco a poco instalarse en nuestros pueblos quizás vuelvan a ser elementos de la identidad nacional para desplazar el escepticismo, la incredulidad o el inmovilismo critico que muchas veces caracterizan el comportamiento de nuestras sociedades. En Uruguay, el cambio elegido, que se integra de manera perfectamente complementaria a la corriente de independencia de América Latina, representa una crítica hacia el pasado y una mirada hacia el futuro. Los ciudadanos censuraron los comportamientos y actitudes políticas propias de otro tiempo y decidieron impulsar el desarrollo de un país moderno plenamente insertado en la región y en el mundo. Ahora entonces es el momento de poner en marcha los mecanismos que harán posible esa transformación. Y esas herramientas para el cambio no se encuentran solamente en la designación de los responsables de la dirección política del gobierno, sino que nacen principalmente desde la organización de la sociedad.


"Lo esencial es invisible a los ojos", "solo se puede ver con el corazón", le decía el zorro al Principito desde la pluma de Antoine de Saint Exupery.
Es quizás por esos caminos que debería también incursionar la prensa, darle la palabra a la sociedad que fuera durante tantos años invisible, abrir los espacios a la gente que nunca los tuvo, encontrar a los interlocutores sociales, a las organizaciones que han identificado problemas y traerlos a la primera plana del debate social. Los reflectores mediáticos deberían orientarse hacia los verdaderos actores del cambio y no solamente hacia sus representantes. Porque los ciudadanos están en el corazón de la realidad y son los que piden el cambio para transformar su vida. Pero además  porque es necesario estimular, promover, las diferentes formas de organización social para lograr que los ciudadanos identifiquen sus necesidades, la manera de acceder a ellas, impulsarlas en las instancias correspondientes del gobierno por medio de los espacios de interacción entre gobierno y sociedad que serán creados. Espacios de participación que no deberían ser solamente ventanillas de entrada de los reclamos sociales sino terrenos de análisis, de convergencia, de acciones transformadoras, pero sobretodo de compromiso responsable entre las partes, entre los gobernantes y  la sociedad.


Cambiaron los tiempos. Avanzamos hacia un nuevo contrato social. Ahora se trata de impulsar la creación de asociaciones de ciudadanos que identifiquen los problemas concretos de la sociedad para poder servir de enlace entre el "terreno" y lo "decisional". Porque es imposible gobernar sin tener los ojos y los oídos en el terreno. Es muy difícil organizar y transformar eficazmente los elementos de la realidad sin el conocimiento cercano de la misma. Pero además es necesario conocer la opinión, los intereses de las personas, sus ideas, para poder organizar el futuro. Porque la organización del futuro es un dialogo permanente e interactivo entre todos los actores sociales. Así nace y se hace posible la organización territorial y social, la organización urbana, los estudios prospectivos.

Es necesario transformar el presente y organizar el futuro desde la sociedad para conseguir los cambios reales y posibles. Sin lugar a dudas no es fácil estimular la participación, lograr que la gente que durante toda su vida no fue convocada mas que para votar, de pronto asuma la responsabilidad de cambiar la vida, mejorando su lugar de trabajo, la escuela de su barrio, los comedores infantiles, la calidad de los productos que consume, disminuyendo las trabas burocráticas para simplificar la vida cotidiana, la posibilidad de acceder a sus derechos y defenderlos, introducir nuevas tecnologías para mejorar su vida cotidiana, preservar los equilibrios medioambientales, construir valores, educarse a lo largo de toda la vida, darle una dimensión ética y solidaria a la convivencia social.
La participación ciudadana es un largo camino de aprendizaje en la convivencia, adonde a cada paso se suman gratificaciones, se resuelven problemas, pero sobretodo adonde los ciudadanos adquieren una clara percepción de su realidad y de los limites para transformarla. Un gobierno con participación ciudadana deja de ser un receptor de demandas insatisfechas para convertirse en un eficaz gestor de las necesidades ciudadanas en el marco de una realidad bien conocida.
Esa es la clave de una buena gestión gubernamental, que gobernantes y gobernados se impliquen responsablemente en la resolución cotidiana de las demandas ciudadanas.
Allí no hay lugar para engaños ni decepciones, no queda mas lugar para la demagogia, para los espejitos de colores, porque el país se embarca en el conocimiento de la realidad para su mejor transformación posible, responsable, compatible con el crecimiento social, con la protección medioambiental y para ello necesita la participación solidaria de todos los ciudadanos.

Es la condición necesaria y sustancial de la independencia, que cada ciudadano asuma la construcción de la realidad en la que quisiera vivir.
 

 Desde París, Francia - Fernando Lema. http://www.fernandolema.com.ar

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